domingo, 1 de febrero de 2026

A la luz del fuego

 CUENTOS DEL PIRINEO OSCENSE

TEXTO: JOSE MARÍA SATUÉ SANROMÁN

ILUSTRACIONES: ROBERTO L´HOTELLERÍE

EDITORIAL PIRINEO 2025





EL CHAVAL QUE CAYÓ EN UN CEPO

EL CUCO
EL CUERVO AVENTURERO



EL ENFERMO DE VIRUELA



EL GATITO MONTÉS




EL GATO SIN COLA



EL GATO Y LA ZORRA


EL LOBO DEL CAMINO NIABLAS


EL LOBO Y LA CABRA



EL LOBO Y LAS TRES CABRAS



EL NIÑO QUE SE QUEMÓ



EL NOVIO Y LOS CUEVANOS


EL OSO TITIRITERO





EL MANZANO Y EL OSO



EL PERRO LUCIO




EL POBRE NAZARIO




EL RAYO QUE MATO A UN PASTOR


EL SATRE MIEDOSO



LA CIGARRA Y LA RANA



LA CULEBRA Y EL LAGARTO



LA GALLINA CLUECA




LA MARIPOSA PRIMOROSA




LA NOCHE DE ALMAS



LA RAJA DE LOS MOROS




LA TÍA MANUELA Y EL OSO




LA ZORRA MALLADA




LA ZORRA Y EL LOBO



LAS ZORRAS VEGETARIANAS



LOS CORDERITOS DE TOMÁS



LOS DOS BURROS



LOS MÚSICOS Y LOS LOBOS




PIN PIN EL PICAPINOS



RINCÓN DE ESCARTÍN



UNA BORDA EN EL MONTE

lunes, 26 de septiembre de 2022

UCM PAISAJE

 

 

     GABINETE DE ESTAMPAS


Nº de catálogo

0512 

Autor

L´HOTELLERIE, ROBERTO

Título

"Paisaje" 

Fecha

1985

Técnica

Aguafuerte

Tipo de papel, dimensiones

Guarro con filigrana, 560x760 mm 

Dimensiones de la plancha

326x490 mm

Fuente de ingreso / Institución

Curso / Facultad de Bellas Artes

HACIENDO CUENTAS







En el transcurso de la entrega del Premio Escuela del Año 2021  (Fundación Princesa de Girona) al IES Ramón y Cajal de Zaragoza, esta obra le fue entregada por parte del centro a  S. M. el Rey el 11 de enero de 2023. 

 



 Como serigrafía numerada de serie, los  Servicios Provinciales de Educación de Huesca, Zaragoza y Teruel  entregaron la obra  como  obsequio a más de 300 docentes jubilados en los   homenajes realizados  durante los años 2023, 2024 y 2025.

 




viernes, 16 de septiembre de 2022

LA MIRADA DE ROBERTO. REVISTA EL GURRIÓN. LABUERDA



Colaboración con 


http://www.elgurrion.com/ 

Revista de carácter  trimestral  dirigida por Mariano Coronas Cabrero. 
Vio su primer número en noviembre de 1980 y actualmente se encamina hacia el número 169.   Ampliamente reconocida y premiada  por su enorme valor cultural, constituye un claro referente del mundo pirenaico y sus gentes, especialmente del Sobrarbe. Las ilustraciones aquí expuestas pertenecen al apartado "La mirada de Roberto"


ÍNDICE DE TEXTOS E ILUSTRACIONES


N.º 1.  LAS MANOS DE LA ABUELA .

N.º 2.  MEDIANO.

N.º 3.  EL ASEO.

N.º 4.  LA CARDINCHA.

N.º 5.  EL CHISQUERO.

N.º 6.  ENTRE ABETOS.

N.º 7. LA SOLANA.

N.º 8.  UN VIEJO AMIGO.

N.º 9.  LA PUERTA.

N.º 10.  LA NIÑA DE LA PELOTA.

N.º 11.  EL VIAJE DE BENITO.

N.º 12.  PERO NO.

N.º 13.  NITRATO DE CHILE.

    N.º 14.  ATANASIO SIEMPRE HACE LO  MISMO.

    N.º 15. Y LAS CASAS SE HICIERON ÁRBOLES.

N.º 16. BAQUELITA NEGRA.

N.º 17. LOLY Y LA ESCALERA DE MADERA.

N.º  18. MARCELINO Y SU ESCOBÓN.

N.º 19. EL RESCATADOR DE LIBROS






N.º 1. 

LAS MANOS DE LA ABUELA 

(Primera de la serie)

 
Mayo de 2021, N.º 163.




N.º 2. 


MEDIANO




    "La torre de Mediano se yergue sobre las aguas como recordatorio de que un pueblo fue sepultado. Nuestro amigo Roberto L´Hôtelleríe ha dibujado este sueño recurrente..."

Mariano Coronas Cabrero
Agosto 2021. Revista "El Gurrión", N.º 164






                                         N.º 3. 

                                                  EL ASEO



    "Un contraluz evocando el aseo: un ritual diario de cuidado personal que nos ha dibujado Roberto L´Hôtelleríe, con su particular mirada."

Mariano Coronas Cabrero
Noviembre 2021. Revista "El Gurrión", N.º 165



N.º 4. 

LA CARDINCHA




    "En esta ocasión lleva nuestros ojos hasta la cardincha protectora, pero si seguimos explorando la imagen, observamos otras elocuentes miradas. ¡Cuánta ternura hay en esos ojos! ¡Y cuánta vida, en esas arrugas!"

Mariano Coronas Cabrero
Febrero 2022. Revista "El Gurrión", N.º 166



N.º 5

 EL CHISQUERO



    "Son las Fiestas Mayores y la mañana propicia el encuentro de uno de los músicos que se prepara para rondar con el pastor que se prepara para “soltar” … Y salta la chispa del viejo chisquero para encender el cigarro y una conversación..."

Mariano Coronas Cabrero
Mayo  2022. Revista "El Gurrión", N.º 167




N.º 6

ENTRE ABETOS




    "Ahí viene caminando, sola, entre abetos, manteniendo en difícil equilibrio una canasta llena sobre la cabeza. El rostro serio, concentrado... Hubo tiempos de dura existencia. Tiempos difíciles de imaginar, desde nuestras comodidades actuales y desde una cierta indolencia vital como la que venimos observando... "
 
Mariano Coronas Cabrero
Agosto 2022. Revista "El Gurrión", N.º 168




N.º 7.

 LA SOLANA



"Ahí está, dentro del fenómeno de la despoblación, la fachada de casa Bara de Alastrué. En la escena, opera como un decorado entre dos mundos: lo que fue y lo que queda. Nada por delante, nada por detrás, simplemente una pareja de ancianos (y sus gallinas) que tantas tardes en el pasado se sentaron en su banco  de piedra y ahora no pueden estar ahí... ¿o sí?"

Noviembre 2022. Revista "El Gurrión", N.º 169





N.º 8.  

UN VIEJO AMIGO

 





  "Estaba detrás,
entre pinos y esqueletos de viejas hayas,
mirando diluido en un tiempo sin tiempo.
No lo vieron jamás".  



Febrero 2023. Revista "El Gurrión", N.º 170



N.º 9.  

LA PUERTA




“Tal vez se abran algún día las cartas que nunca se abrieron. Tal vez se reabra esa puerta y se entienda el silencio. La casa quedó herida pero nunca sola. Allí sigue, con su número, en su aldea, repleta de secretos y   mil recuerdos.”


    Mayo  2023. Revista "El Gurrión", N.º 171





N.º 10  

LA NIÑA DE LA PELOTA






"No tiene prisa,  espera sentada mirando al infinito.
 La niña de la pelota sabe que algún día desde los Treserols  
bajarán las leyendas y eso la tranquiliza.
 Las montañas no mienten." 


Julio  2023. Revista "El Gurrión", N.º 172






N.º 11  


 BENITO



"El viaje de Benito, de San Fertús a La Habana, 8000 km. 

De la aspereza de las montañas a la amargura de una guerra.

128 años… y todavía no ha vuelto.

La culpa: 2000 pesetas."




Noviembre  2023. Revista "El Gurrión", N.º 173





                                                         N.º 12 

                                        PERO NO



 

Lo noté de reojo mientras recogía las hojas del jardín. Al girarme vi que era un gorrión  moviéndose torpemente por el suelo. El pajarillo estaba boca arriba y apenas se movía. Enseguida me di cuenta de que algo le pasaba pero no me atreví a tocarlo. Con la escoba le di cuidadosamente la vuelta esperando así resolver el problema. Pero no. El pequeño gorrión corrió por el empedrado  no sé cómo y se escondió detrás de la higuera  para más tarde meterse debajo de  un banco. Yo esperaba que al igual que había pasado otras veces, después se levantaría y se iría volando. Pero no. Al volver  por la tarde había buscado el sol y lo acompañaban  tres o cuatro más. Cuando me acerqué, todos emprendieron el vuelo pero mi pequeño gorrión siguió quieto. No sabíamos qué hacer, ni él ni yo. Le eché un poco de agua para que bebiera y le acerqué unas miguillas de pan, pero las rehusó. Se quedó quieto mirándome, luego se arrastró hacia atrás y volvió a su refugio debajo del banco. Al día siguiente ya no estaba allí, pensé ilusionado que se habría recuperado y se habría ido. Pero no.


Por la tarde vi que encima del césped y al lado de la valla yacía su cuerpo y que se lo estaban comiendo las hormigas. Me acerqué y  todavía me pareció más pequeño. Se estaba haciendo de noche y no quise dejarlo a la intemperie. Un diminuto agujero debajo del rosal rojo fue suficiente para depositarlo con cuidado. Por fuera lo cubrí con tres pétalos de rosas. Hoy he ido por la mañana pensando que los pétalos se habrían ido con el viento. Pero no. Seguían ahí.



N.º 13. 


NITRATO DE CHILE




1960. En casa de Manuela no hay televisión y la radio se escucha a trompicones. Pero la chica de la ventana nunca está sola. Y eso es gracias a que muy cerca vive un misterioso jinete. En sus horas de aburrimiento una y mil veces se pregunta: ¿Quién se esconde tras esa silueta de porte erguido con sombrero gaucho? ¿De dónde viene ese desconocido que vive a su lado y que le hace evocar legendarios y famosos caballeros como don Quijote de la Mancha, Godofredo de Buillón, o el mismo Rey Arturo? 

Aunque ni siquiera puede imaginar su cara, Manuela, que no quiere tener hijos ni casarse con nadie del pueblo, sueña con verlo algún día. Está segura de que el jinete que día y noche se apoya junto a la ventana es su caballero andante, un héroe más del campo que defiende las cosechas peleando contra las fuerzas de la naturaleza, las tormentas, las sequías y todo lo que nadie puede medir ni dominar… 

Pero a veces no puede soportar el silencio que desprende esa muda silueta y duda. Manuela no quiere vivir como vive y el reloj la atropella. Necesita cambiar aunque eso suponga escapar de allí con su bolso lleno de mil miedos. Está avisada, y sabe bien que como dijo Saint-Exupéry, la huida no ha llevado a nadie a ningún sitio, pero le da igual, su mente hace tiempo que vuela libre lejos de su castillo y de tanta gente gris. Es un color que odia.

¿Vendrá algún día el hombre de negro a buscarla? ¿Viajarán juntos hasta el horizonte sin billete de vuelta?

 

                                       Febrero  2024. Revista "El Gurrión", N.º 174 







Nº 14

 ATANASIO SIEMPRE HACE LO MISMO


Ahí lo tienes, bien flamenco, con sus eternos pantalones de pana, su chaqueta de faena, su mala salud de hierro y sin apenas rastro de las palizas que de sol a sol se ha dado toda su vida en el campo.

Atanasio era el pastor de casa Poyete y hace muchos años que no se monta en un columpio. No ha tenido novia en su vida, sólo mujer y nunca ha levantado los pies del barro. Su único capital han sido sus manos y ha sido fuerte como el aluminio. Eso si, por el camino se ha bebido el mar de Timor Oriental, se ha fumado tabacalera en la modalidad de celtas cortos, ha bailado con la teca y la meca y ahora, fatigado del mundo asume sus años feliz como una perdiz.

Cuando paso por la plaza él ya me ha visto. Siempre hace lo mismo. Primero me mira con sus ojos marrones donde todavía brilla la picaresca de crio junto a la astucia desconfiada de los años y luego me saluda con la mano. Ya está todo dicho y me doy por afortunado ya que Atanasio, sabio, templado y de pocas palabras, sabe perfectamente que con la gente sólo hay que hablar del tiempo y poco más. Además, lo tiene muy claro. Asume los años como un incordio y no quiere estorbar. Siempre dice que la gente quiere alcanzar la vejez pero una vez que lo hace, se quejan de ella, por eso harto de tonterías si le preguntas no te dará consejos, ¿para qué? Sabe de sobras que cualquier edad es pesada y que la calvicie, la sordera y las arrugas no se curan.

Y es que Atanasio entiende perfectamente que es ser viejo y que nada ni nadie lo va a cambiar. ¿Para qué negarlo si todo el mundo lo ve?  dice  ¡Y encima siempre hay alguno que te viene con la historia de que los años están en el corazón o en la mente, o leches por el estilo! ¡Hay que joderse!

Vamos, que le da igual, Atanasio se ríe de su sombra y no va a cambiar. ¿para qué? Me despido con el manido ¡que vaya bien! y ahí lo dejo sentado en el banco de su puerta en una esquina de la plaza, buscando el sol de mañana y la sombra de la tarde. ¡Y ojo!, que si le dices que debería buscarse un andador para moverse con más independencia y dejar más tranquila a su mujer, la Pilar, te mandara “a cascala”, seguro.


Julio  2024. Revista "El Gurrión", N.º 175




                                             Nº 15. 

               Y LAS CASAS SE HICIERON ÁRBOLES




La cosa es bien sencilla. Las casas sin gente cada vez estaban más solas. Un día, hartas de caerse y morir en el olvido se convirtieron en grandes árboles y el pueblo entero se hizo bosque. Desde entonces los viejos y ruinosos hogares se fundieron con los enormes troncos y las nuevas criaturas mitad casa y mitad árbol aprendieron a protegerse del sol y la lluvia bajo su denso follaje.

Pero eso no fue todo, pronto los pájaros regresaron mientras los árboles se ocupaban de cobijar celosamente en su copa el universo íntimo y antiguo de cada familia que antaño había vivido en su tronco. Allí mismo, dentro del bien y del mal y escoltadas por mil ramas se guardaron cientos de historias donde todavía palpitaba insolente todo lo contado y por contar de sus antiguos moradores.

Ahora ya no hay personas reales que les hablen, los acaricien o los poden, solo fantasmas de humanos que cuando anochece y la brisa enmudece, se asoman a los portales para mirar hacia las copas y cuchichear. Hablan bajo porque no quieren que los árboles se enteren de sus confidencias y se las digan a los vientos. No se fían, no vaya a ser que alguien descubra que hace muchos años todos ellos abandonaron el pueblo y ahora en secreto y ocultando su orgullo han vuelto a por sus raíces. Esos árboles han cumplido su objetivo pero eso sí, ya no crecerán más y si lo hacen únicamente lo harán para convertirse en escaleras mágicas que cumplan el sueño de los niños de tocar las nubes.

                                     Noviembre  2024. Revista "El Gurrión", N.º 176



 

       Nº 16

     BAQUELITA NEGRA    

 


Ninguno de los que se fueron del pueblo volvió igual y Dámaso no fue una excepción. Con el alma encogida y entre besos y palmadas de su padre, una fría madrugada subió al oscuro tren que lo llevaba a lo desconocido. Su tío lo había recomendado para un trabajo en la ciudad y eso le alegraba porque quería conocer mundo, pero no le quitaba el temor a los golpes y puñaladas que intuía le esperaban al final de aquellas vías. 

Miedo y dos maletas atadas con correas de cuero fueron todo su equipaje para cruzar las montañas y cumplir  el sueño de sus padres: un futuro de provecho...  Atrás quedaron su familia, sus amigos, su gente, y aquella madrugada emprendió su nuevo camino. En el viaje  que duró años, cambió todo lo que tuvo que cambiar y se disfrazó mil veces  para sobrevivir. Al final  lo logró.  Pero como todos los demás, tuvo que pagar un tributo; las pocas veces que regresó  al pueblo  ya no era él mismo, ni por supuesto nada de lo que encontró seguía igual. Cuando se dio cuenta del brutal choque  entre sus  recuerdos y la realidad, guardó silencio, dijo que ya llamaría y simplemente se fue para  no volver. Sin  más explicaciones.

Su madre, paciente y silenciosa, creyó que tarde o temprano le diría algo  y siempre esperó su llamada. Es más, cuando la familia se mudó  a  la plaza, ella siguió volviendo puntualmente todos los días a su antigua casa, ahora ya caída y convertida en corral.  Allí, entre cascotes y cuatro  gallinas se empeñó en conservar su teléfono de baquelita  negra por si algún día su Dámaso la llamaba. Todo podía  ser.

                      Febrero  2025. Revista "El Gurrión" N.º 177



 Nº 17

LOLY Y LA ESCALERA DE MADERA


 

Loli dejó el pueblo. Se fue  huyendo del cafre de Florencio y harta de la mala vida que semejante animal  con forma humana le daba.  Su destino: Barcelona. Menos mal que no tuvo hijos, sino hubiera sido mucho más difícil.  Así pues, sola y lejos de su pueblo vivió mil tormentas entre aquellos angostos callejones del barrio chino, pero al final sobrevivió. Empezó vendiendo ajos de estraperlo en la puerta del  mercado de Sant Antoni,  luego trabajó en una fábrica de vidrio de la calle Manso y al final,  harta de que la explotaran aceptó una oferta para baile y espectáculo que  acabó en   prostitución por la calle  d´En Robador.

 Por supuesto, vivir así no era lo que ella quería, pero estaba tan desesperada que entre aquellos angostos callejones, cruces furtivos de miradas y charcos de meado, volvió a respirar con alivio. Y con dignidad, siempre con mucha dignidad, aunque nunca la abandonaron  aquel halo de olores húmedos y fermentados que flotaban en el ambiente ni los chismes que pese a la distancia  le llegaban del pueblo. Esos olían peor.

Años después, harta de pasar frío y con una mano delante y otra detrás  se fue con una vieja madame  a un antiguo piso mugriento y oscuro decorado con fotos de Lola Flores y  Carmen Sevilla. Tampoco tuvo suerte allí.  Al poco las echaron porque la vieja escalera, podrida cien veces  por la humedad,  se hundió  y estuvieron a punto de no contarlo. Después todo se precipitó y es que  para algunas cosas las autoridades tienen mucha prisa. En pocas semanas y con la intención de “sanear y purificar el edificio”, el ayuntamiento y los caseros echaron a los vecinos que quedaban y tapiaron la estrecha puerta del patio que ya solo cruzaban ancianos furtivos.  

Y eso fue todo. Loli ya hizo su viaje lejos de Florencio y de la gente hace muchos  años y no piensa volver. Marchó del pueblo y marchó, no hay más.  No tuvo otro remedio, se fue como pudo, a su estilo, siempre sola y con el orgullo de no querer  convencer  a nadie. ¿Para qué? 

  

Mayo  2025. Revista "El Gurrión" N.º 179 



 Nº 18

MARCELINO Y SU ESCOBÓN 



Cuando era crío, uno de los ruidos que me despertaban de madrugada era el del carrito gris de tres ruedas de Marcelino, el barrendero municipal, un tipo inconfundible y exacto como un reloj cuando a las seis de la mañana de lunes a viernes,  bajaba por mi calle camino de la plaza. Todo en él era peculiar. El sonido de su escobón de palma  arañando el suelo, el tintineo del recogedor de lata peinando los adoquines, el temblequeo de la regadera de zinc para remojar las calles de tierra y sobre todo su conversación y eso por decirlo de alguna manera.

Marcelino era un hombre pequeño, cargado de hombros y siempre con su tabaco Ideales colgando de los labios menos cuando cantaba. Porque cuando empezaba era todo un figura. Eso sí, un trago o dos necesitaba para arrancar, incluso alguno más. Pero cuando estaba en marcha era un espectáculo. Marcelino era muy popular y caía bien a todo el mundo. Rara vez dejaba de saludarte cuando pasabas a su lado. Allí lo tenías siempre, humilde, concentrado en su dura tarea,  escobón en mano, boina con rabillo, chaqueta azul y eterno pantalón de pana. Y lo más importante, trabajando sin prisa, pues como bien decía: Siempre hay que dejarse algo para mañana porque si no… ¿Qué coño vas a hacer?

Su saludo invariablemente era el mismo: golpe seco hacia arriba de cabeza, subida de cejas y una sola palabra: ¡¡¡¡Eh!!!!, por supuesto tú le contestabas igual. No hacía falta más. Marcelino era un hombre feliz, se notaba enseguida. Cobraba el que menos del ayuntamiento y encima le gustaba su trabajo,  sin jefes, al aire libre, a su marcha, hablando con todo el mundo y de paso haciendo buen aprecio a  los cigarros que le daban. Cuando le preguntabas qué tal le iba, decía: ¡Pues vamos tirando! Y antes de que contestaras añadía: ¿Y qué vas a hacer?

Pero también tenía su genio, no se crean. Ver a niños, adultos y ancianos tirar cosas al suelo, incluso delante suya y nada más acabar de barrer, le jodía mucho y con razón. Además, las cacas de perro, el viento y  las heladas  lo ponían de muy mala leche. 

Menos mal que no llegó a ver gente necesitada removiendo dentro de sus papeleras, porque de haberla visto le hubiera jodido mucho más.



Revista "El Gurrión" N.º 180. Agosto de 2025.

Nº 19



EL RESCATADOR DE LIBROS

 

 

Víctima de la dejadez y el abandono,  el viejo toldo de la librería  deja ver a través de los jirones  en la  lona  los hierros que sujetan  las tripas de la ballena varada que empieza a  descomponerse.  Da mucha pena.

La librería es de libros ya usados. La conozco desde hace  años y con el paso del tiempo he visto cómo sigue al frente la misma persona custodiando los sueños impresos. Sin dejar de ser nunca un lugar lleno de alma, historia y sorpresa, ahora languidece y pronto morirá.  Su interior muestra a gritos que ha envejecido y mucho. Bajo sus altos techos, la madera del suelo cruje lastimera y apenas entra gente,  pero   allí sigue, aún  viva  y con  carácter.

Al entrar, el ambiente es muy tranquilo, casi reverente, como si los libros todavía guardaran los susurros de generaciones ya olvidadas y se afanasen en conservarlos.  La luz natural entra tenue por un  ventanal polvoriento que  apenas me deja leer  las letras en los lomos, no sé si  porque están deslucidas o por mi vista cansada.  Pero da igual, eso no me impide deambular por sus estrechos pasillos  escoltado por cajas de libros sin clasificar y una legión de estanterías desiguales y sobrecargadas que escalan hasta el techo.  Con frecuencia busco sin buscar nada en especial, estoy convencido de que sea lo que sea,  se me presentará solo y por eso  dejo desfilar ante mis ojos todo tipo de libros y revistas. Allí no veo ediciones brillantes ni cubiertas llamativas, solo volúmenes sobados, portadas descoloridas y vividas… Luego están los libros más viejos, los hermanos mayores, los que mantienen notas, nombres y apellidos  en la primera página, los mismos  que me miran con curiosidad a través de sus cubiertas de cuero gastado y sus tapas amarillentas llenas de letras doradas. Muchos son primeras ediciones y otros  traducciones olvidadas llenas de marcas de vida. Afortunadamente algunos todavía esconden sus secretos en forma de  ex libris, notas,  subrayados,  fotos antiguas, flores secas,  marcapáginas, dedicatorias marchitadas o un sencillo mapa doblado en un libro de viajes.

Cuando salgo de allí, durante un buen rato me parece oler a esa mezcla de papel envejecido, polvo y madera antigua. Un aroma terroso, cálido y evocador  que solo los libros con historia tienen. Siempre que voy, procuro llevarme  algún ejemplar  que seguramente nunca  leeré,  pero siento que sacándolo de esos estantes  lo salvo  del más que probable final del Titanic que se hunde.   Me hace sentir bien, por lo menos  será una voz menos que se pierda y eso  me reconforta.

                                                       

                                                   Revista "El Gurrión" N.º 181. Diciembre de 2025.

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